Los titulares e imágenes sensacionalistas y amarillistas forman parte de las “estrategias” de algunos medios de comunicación para atraer usuarios y de esa forma tener una cantidad importante de suscriptores y seguidores en sus páginas. 

Sin embargo, esta práctica genera en principio falsas expectativas en las audiencias y por otro lado vulnera derechos de las personas que son expuestas en las primeras planas, de quienes también se comparten datos personales y/o información que las revictimiza. 

La Real Academia Española (RAE), define el término sensacionalista como “tendencia a producir sensación, emoción o impresión, con noticias, sucesos”, en tanto indica que el término amarillista hace referencia a la prensa amarrillista o de enfoque sensacionalista.

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Los asaltos, agresiones y robos son las noticias que generan mayor interacción en muchos medios de comunicación. Literal/Pixabay

De dónde nacen los términos 

El concepto "prensa amarillista" se sitúa a finales del siglo XIX por la disputa entre dos personajes del periodismo estadounidenses: Joseph Pulitzer y Wiliam Randolph Hearst.

Eran dos magnates del periodismo, uno propietario del New York World y el otro de New York Journal. En las fechas a las que nos referimos, entre 1895 y 1898, había entre ambas cabeceras una guerra periodística de tal magnitud que fueron acusados por otros diarios más serios de engrandecer algunas noticias y pagar por exclusivas para incrementar sus ventas.

El periódico New York Press fue el que definió el periodismo que hacían los medios de Pulitzer y Hearst como amarillo, aunque no explicó el término hasta 1898, en un artículo titulado: «We called them Yellow because they are yellow», con el que hacían un brillante juego de palabras con la palabra yellow, que significa tanto amarillo como cruel y cobarde.

El Chico Amarillo

También ayudó a que se asentara el concepto amarillismo en relación a este tipo de periodismo la publicación de una serie de viñetas llamadas The Yellow Kid (El Chico Amarillo), que se publicaron en el New York World a partir de 1895. 

En 1897, su autor, Richard Felton Outcault, empezó a publicar su serie en New York Journal.

El periódico New York World de Pulitzer contrató a otro dibujante, George Luks, para continuar con la serie, y por ello la viñeta se publicó de manera simultánea en los dos diarios competidores.

El protagonista de estas viñetas era un niño que vestía un camisón amarillo y vivía de manera marginal junto con otros personajes similares a él. Aunque apenas hablaba, esta serie es recordada por la introducción de globos de diálogo.

El sensacionalismo va más allá

El artículo citado refiere que el sensacionalismo va más allá del amarillismo pues “no se detiene en la presentación sencilla de los sucesos, generalmente escandalosos, sino que ahonda morbosamente en ellos para captar la atención de los lectores de bajo nivel cultural, siempre ávidos de incentivos”.

Indica también que este contenido genera grave perjuicio a la sociedad, pues se trata de noticias escandalosas que postran la mentalidad de un público, necesitado de educación y de estímulos para su mejoramiento.

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Al redactar una nota informativa es importante recordar que el periodismo tiene como deber fundamental educar, informar y entretener a sus usuarios, por consiguiente su contenido debe ser de calidad y respetuoso de los derechos. Literal/Pixabay

Tres aspectos para no consumir este tipo de contenido

Exposición de detalles: El contenido, vocabulario o imágenes utilizadas en los medios de comunicación que presentan contenido sensacionalista responde a crudeza de los hechos, sin importar si se expone el rostro de las personas y si afecta emocionalmente a las familias de los afectados, entre otros aspectos claros de la ética. 

Titulares alejados de la realidad: Por otro lado, los titulares sensacionalistas exageran o distorsionan la noticia y destacan aspectos que puedan llamar la atención de las audiencias, por consiguiente carecen de objetividad y responsabilidad. 

Ratifican patrones de conducta y exaltan la violencia: La reiterada exhibición de cuerpos, sangre y dolor de noticias de sucesos, notas rojas o enfoques amarrillistas sobre accidentes, tragedias colectivas o privadas y desastres naturales, tienden a normalizar la violencia y la exposición insensible del dolor humano, vendiendo la idea a audiencias de que es normal consumir este tipo de contenido mediático.