La insurrección cívica de abril 2018 no ha finalizado: hoy se cumplen dos años que decenas de patrullas armadas arremetieron sobre una juventud que se protegía con valentía, consignas y pancartas en la UCA Managua y en León.

El icónico 18 de Abril, ha significado para el régimen de Daniel Ortega pérdida significativa del respaldo popular, sin embargo esto no se ha traducido a cambios institucionales en miras de comicios electores. Pero ha quedado demostrada la valentía de un pueblo que guardó silencio por 11 años; además evidenciada la postura de condena de la comunidad internacional ante la violación a los derechos humanos de esta nación.

En el inicio, las calles y avenidas principales de la calurosa Managua, fueron testigo del sudor, lágrimas, gritos de auxilio y de victoria de cientos de nicaragüenses que arriesgaron su vida en busca de un cambio significativo; cansados de la imposición y los discursos de “amor” que sonaban  en las cadenas de radio y televisión del gobierno, perdieron el miedo.

Recuerdos para la historia

“El estadillo de abril en Nicaragua, la lucha por la libertad de expresión” es el título de la galería fotográfica  que la Fundación Violeta Barrios de Chamorro, presenta en su sitio web, en colaboración con más de seis fotoperiodistas entre ellos Carlos Herrera, Nayira Valenzuela y Óscar Navarrete.

 Las fotografías, retratan los distintos momentos que se vivieron en cada uno de las llamadas “trincheras de lucha” siendo las más recordadas en los departamentos de Masaya, Jinotepe y Diriamba.

 En Managua, entre los sectores de mayor concentración estaban: la avenida universitaria desde el centro comercial Metrocentro hasta la universidad Centroamericana (UCA), incluida la Universidad de Ingeniera (UNI) y el estadio Nacional Denis Martinez.

De igual manera la Rotonda Jean Paul Genie y sus alrededores en carretera Masaya, sector de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN Managua). Cercanías y edificio de la Universidad Politécnica de Nicaragua (UPOLI) y universidad Nacional Agraria (UNA) en carretera Norte.

 “Tuve claro qué quería fotografiar desde abril: los rostros de la ciudadanía, la alegría por exigir nuestros derechos, la libertad, la justicia, la felicidad de estar en las calles, con los amigos, la familia. La bandera azul y blanco.” Expresa en su presentación el  fotógrafo profesional Jorge Mejía quien es parte de esta colección fotográfica.

El dolor de las madres

Evidentemente ninguno de los escenarios retratados en la ya mencionada galería fotográfica y en cualquiera que exista, tienen comparación pues en su totalidad están llenos de lucha, de valentía y dignidad.

Sin embargo, lo acontecido el 30 de mayo de 2018 dejó a la gran mayoría de nicaragüenses fuera de sí, ese día se acostumbra celebrar a las madres con  detalles  de todo tipo. En esta ocasión no hubo celebración, la gran mayoría de ellas ese día se envalentonaron, dejaron la comodidad de sus hogares y se fueron a las calles, lo que no esperaban es que una marcha cívica y pacifica fuera atacada con furia.

La policía y fanáticos del gobierno que portaban  armas de alto calibre convirtieron la celebración cívica en “un mar “de sangre y angustia.

Rememorar la lucha

Todos los que han dedicado tiempo a observar las fotografías de abril, han confesado que terminan con lágrimas en sus ojos, no importa cuántas veces las hayan visto.  

Estos retratos hablan por sí solos, después del 18 de abril sobrevino angustia, dolor, desesperanza pero mucha resistencia de parte de los nicaragüenses. Los ciudadanos sin importar edad como de Álvaro Conrado (el primer adolescente asesinado en las protestas), sin importar la condición social se apostaron en las calles, frente las barricadas, curando heridas, defendiéndose con “tiradoras”,  la evidencia quedó en las fotografías.

La solidaridad invadió los corazones, decenas de  trabajadores, muchos de ellos ambulantes donaron agua, hielo, refrescos, alimentos para apoyar la causa y amenorar los efectos de los gases lacrimógenos, los golpes  y las balas de quienes apostaban su vida en las calles.

Sin duda, la lucha que aún no termina es un triunfado para  los ciudadanos que sin  armas y ningún recurso,  expusieron al mundo que son capaces de entregar su vida luchando por la paz, la democracia y la justicia de Nicaragua.