A dos años del inicio de la lucha pacífica en contra del gobierno de Nicaragua, las redes sociales siguen siendo claves tanto para evidenciar los abusos estatales y las violaciones de derechos humanos, como para convocar a diferentes formas de protesta que se han diversificado hasta incluir conciertos virtuales.

Si bien el Instituto Nicaragüense de Telecomunicaciones y Correos (Telcor), no tiene datos actualizados sobre las conexiones de acceso a internet en Nicaragua, el crecimiento es evidente, los datos del ente regulador indican que hasta 2013 había 207,275 conexiones.

En 2018 cuando las calles de todo el país eran asoladas por miles de policías armados junto a terceros civiles pro-gubernamentales, cientos de jóvenes eran llevados a prisión a las cárceles de Auxilio Judicial y a otras clandestinas, mientras la ciudadanía no separaba su atención de las redes sociales y los móviles eran sinónimo de información y denuncia.

El cambio de identidades

A medida que avanzaba la crisis sociopolítica los usuarios de Facebook y Twitter tomaron sus precauciones, ya no podían mostrar su verdadera identidad pues eran asediados, amenazados y víctimas de campañas de difamación.

La alternativa más eficiente y accesible eran las redes sociales, ninguno de estos jóvenes iba a cerrar sus cuentas en estas plataformas, pero debían tomar precauciones para salvaguardar su vida y de este modo las redes se llenaron a nombres pro-abril y con imágenes con relación a los símbolos patrios y nacionales, para diferenciarse de las cuentas de los seguidores del gobierno y del partido Frente Sandinista de Liberación Nacional.

En ese momento antes de salir de casa, las personas revisaban sus teléfonos procurando eliminar toda información que expusiera a sus familias y los demás ciudadanos que estaban protestando, además se utilizó de forma masiva las contraseñas complejas, lo que para muchos nunca fue importante hasta ese momento.

La bandera azul y blanco junto a  los rostros de las personas asesinadas inundaron los perfiles de la plataforma sociales, además los nombres de usuarios fueron sustituidos por las frases célebres que animaban la lucha y el nombre de cada uno de los caídos.

Los padres y familiares de los ciudadanos que estaban en las calles, en su mayoría jóvenes que no superaban los 30 años se llenaban de angustia al ver como las marchas pacíficas eran atacadas, las trasmisiones en vivo se compartían centenares de veces y evidenciaban la represión que llevaba a cabo la policía de Nicaragua y los fanáticos del partido de gobierno.

Mayor incidencia en Twitter

Este cambio tenía por objeto proteger la identidad de los manifestantes y opositores, pero al mismo tiempo era signo de resistencia y denuncia social.

En la actualidad, Twitter es la plataforma que guarda con mayor propiedad este cambio: “Cacique Diriangén”, “Valentía Nicaragua”, “Azul y Blanco”, “Nica Vandálica”, “Nicaragua se respeta”, son parte de los nombres de usuarios que aún se conservan.

Se estima que en Nicaragua menos del 5 por ciento del total de la población usa Twitter, sin embargo se ha logrado denunciar y captar la atención del mundo y de los representantes de organizaciones de Derechos Humanos como Paulo Abrao que ha sido enfático y constante en apoyar la lucha de Nicaragua.

Un informe de la Corporación Latibarómetro de Chile, instancia que investiga sobre la democracia, la economía y la sociedad teniendo en cuenta los indicadores de opinión pública destacó en su informe 2018, que las redes sociales eran una de las principales fuentes de información que el comportamiento de los nicaragüenses en ellas ha demostrado “inestabilidad en la democracia de Nicaragua."

Aporte ciudadano

Aunque los medios de comunicación independientes volcaron su atención en las protestas, el apoyo de centenares de ciudadanos que con su teléfono en mano daban detalles de dónde, cómo y qué sucedía, fue clave para transmitir al mundo que lo que desde 2018 ocurre en Nicaragua.

Habían lugares donde los periodistas no tenían acceso y eran los ciudadanos quienes documentaban cada uno de los atropellos a los derechos humanos y toda la solidaridad de los nicaragüenses que burlaban los cercos policiales y compartían medicamentos, agua y alimentos a quienes protestaban en las calles contra los abusos del régimen.