La crónica periodística “es uno de los géneros más nobles de la narrativa de no ficción” dijo a Literal el laureado periodista boliviano Roberto Gabriel Navia, reconocido cronista latinoamericano y el más galardonado de ese país andino.  

Navia explicó que este género periodístico permite contar historias de una manera atractiva y completa, pues se puede echar mano de las técnicas narrativas de la novela, del suspenso del cuento, de la rigurosidad del ensayo; además se puede profundizar muchísimo en la entrevista de perfil y de esa manera armar una creación maravillosa “tan bella como la literatura y tan profunda y tan perfecta como el reportaje”.

“Tiene bondades de ser bella, completa, precisa y de ser profunda, por eso a mí me encanta este género que lo vengo cultivando desde hace muchísimo tiempo”, expresó Navia, autor de innumerables piezas de crónicas periodísticas.

En el mismo sentido, el periodista y escritor nicaragüense Luis Duarte, refirió que la crónica “es un género transgresor que cruza los límites de la literatura y el periodismo, extraño porque su origen no es ninguno de los dos, sino, la documentación, como fueron las crónicas de India, desde la primera bitácora de viaje de Colón.”

Duarte añadió que la crónica periodística es un texto documentado con datos, evidencias y testimonios, narrado con recursos literarios, pero sin caer en la ficción. 

No solo es la forma

Navia planteó que la crónica también es forma y fondo, pues aunque uno maneje muy bien las técnicas, las estructuras y las palabras, eso no sirve de nada si no se tiene contenido o información que justifica el despliegue de técnicas narrativas.

“No hay que quedarse solo en su forma si no en su fondo”, insistió el periodista boliviano, ganador de premios como Rey de España en 2014 y Ortega y Gasset en 2007, este último por un trabajo titulado “Esclavos made in Bolivia”, sobre la explotación laboral en talleres clandestinos de Brasil y Argentina.

Navia refiere que antes de toda crónica está la idea que forja la historia. Una crónica nace con la pasión que uno puede tener sobre un tema determinado y eso también va a marcar el futuro de la historia periodística que se va narrar, enfatizó el periodista.

Según el periodista boliviano, el valor que antecede a la crónica está justamente en la información, en el reporteo, en la investigación y en las revelaciones que uno pueda hacer o encontrar y en los personajes de las historias.

De cómo prepararla

Para Duarte, en la preparación de una crónica la investigación es lo fundamental, contar una buena historia no es inventar ni crear recursos artificiales para adornar el relato. De ahí, en el proceso de escritura es relevante “exponer circunstancias con detalles lógicos y creíbles basados en testigos presenciales, evidencias documentadas y relacionar los hechos desde distintas perspectivas”, manifestó Duarte.

Navia relató que en sus charlas sobre narrativa siempre dice que elegir el tema siempre es tan importante como el matrimonio: “A uno le va a cambiar la vida y una historia no se escribe de la noche a la mañana, puede durar semanas e incluso meses”, enfatizó.

Dijo también que en la preparación de las crónicas se debe volcar todo el compromiso, fuerzas, energías y dedicación posible del redactor. De ahí para adelante cuando uno ya decide cuál es el tema que va abordar, viene la selección de las fuentes, el contacto con ellas, la preparación del viaje y “a remangarse la manga de la camisa para bucear en aguas profundas”.

Los temas, estructura y edición

A juicio de Duarte uno de los errores más comunes en la elaboración de una crónica es tratar de explicar primero la historia, hacer una introducción de lo que se va a leer; la historia debe contarse por sí misma o a través de sus protagonistas, más que un orden cronológico refirió el periodista.

Amplió que se requiere una estructura lógica que parte de una idea central, para no narrar sobrevolando todos los hechos, pero sin aterrizar en nada.

Duarte recomendó pensar en el desarrollo de la historia, pues el lector requiere un eje narrativo, lo que significa “que como en toda historia narrada debe haber un argumento central y un propósito del escrito sin menoscabo de los principios éticos, preguntarse para qué escribo, qué utilidad tiene mi historia para el público o sociedad, qué pretendo alcanzar al escribir esta historia”, explicó Duarte.

Navia por su parte llamó a hacer una oportuna elección del tema y a considerar que para que una crónica llegue a buen término se le tiene que dedicar tiempo.

“Cuando uno no le dedica el tiempo y las cosas se hacen a la rápida, seguramente que no va a salir algo muy interesante”, reflexionó Navia, quien a la vez destacó la importancia de la edición y re-escritura: “poder limpiar  la casa, quitar esas cosas que estén perjudicando el sonido parsimonioso de ese motor que tiene que ser musical”.

Formación constante

“La crónica no deja de ser como jugar con fuego por que uno está utilizando otras cosas, que normalmente la noticia cotidiana no las utiliza; entonces usarlas con exageración como ocurre en la repostería puede ser fatal, se puede quemar, puede salir muy salado, muy dulce etcétera, hay que saber echar mano de esas herramientas”, encargó Navia.

El periodista refirió también que la formación tiene que ser constante por que las palabras usadas con muchísima frecuencia también se desgastan y pierden su efecto, ya no tienen el mismo resultado: “uno tiene que ir suministrando otras técnicas porque el mundo tampoco es el mismo”.

Navia, quién además fue nominado en 2018 a los Premios Goya por el documental de la cineasta española Mabel Lozano, inspirado en su crónica "Tribus de la Inquisición", señaló que hace muchos años no existía la internet, no estaban las redes sociales por lo que había otra forma de llegar a los lectores y la competencia por la atención del lector era otra.

“Ahora ellos no solamente leen si no también escuchan podcast, ven cortometrajes, series, entonces uno también es otro y siempre tiene que estar ahí cultivándose constantemente” reflexionó Navia.

Los recuerdos

Navia recuerda que sus primeras crónicas fueron resultado de los deseos de estar fuera de la redacción, guiado por el olfato periodístico y por ciertos personajes que tenían características de literatura.

“A la redacción yo tenía que justificar mis salidas”, narró entre risas y añadió: “luego empecé a prepárame mucho, a leer, a escribir, a borrar, a equivocarme, a volver a levantarme, a viajar una y otra vez.”

Al ser consultado sobre una crónica que le haya marcado, Navia nos confió: “lo recuerdo ahora con muchísima nostalgia; en una ocasión en la que estaba cubriendo un tema de coyuntura, mi fotógrafo me dijo: ahí donde vamos hay un pueblo que se llama ‘Salsipuedes’, a mí me pareció curioso el nombre y era porque quedaba como en un barranco, era un camino muy angosto y obviamente que costaba salirse de ahí”.

Navia rememora que fue “brutal” encontrarse con esa población que estaba muy lejos: “todavía me acuerdo que no era la era digital de las cámaras y habíamos entrado, entrevistado y nos había ido bien”.

“Finalmente salimos de ‘Salsipuedes’ entrada la tarde y en ese momento el fotógrafo se da cuenta que se le había olvidado poner el rollo a la cámara. Dios mío… era muy difícil salir de Salsipuedes y entrar de nuevo…”, cuenta riendo.

Sin embargo lo que parecía ser una tragedia le permitió a Navia seguir recolectando información y muchas más entrevistas, antes de regresar y narrar finalmente la historia.

La crónica de Pantasma

Duarte por su parte recordó un trabajo que hizo en Pantasma (Jinotega) en el año 2007 sobre una familia campesina, donde una niña de 13 años cuidaba a sus cuatro hermanos con discapacidad.

Duarte dice que siempre se preguntó qué había sido de ella, sus hermanos y sus padres. Seis años más tarde en 2013 “tuve la oportunidad de ir a la zona y los visité, había mejorado la vida de esa familia, por mucho, la muchacha estaba estudiando entonces farmacología en Matagalpa”.

Obviamente muchos contribuyeron a eso, dice el periodista, pero me alegra haber sido parte de toda esa visibilidad que se les dio, “porque se merece como muchos otros que le echen una mano para salir adelante” ,destacó el periodista.

Encuentro maravilloso

Respecto a su relación con la crónica, Navia indicó: “yo creo que ha sido un encuentro maravilloso, no sé si yo encontré a la crónica o ella me encontró a mí, pero ha sido muy hermoso habernos encontrado porque ambos terminamos salvándonos del aburrimiento, de la rutina”.

Navia mencionó que está muy agradecido con éste género y con autores como Martín Caparrós, Leila Guerriero y otros que ahora son sus amigos y grandes maestros de la crónica latinoamericana.

“Los personajes son los que terminan habitando en mí y los que me dan sustancia para otras historias, otros encuentros y otros viajes”, relata a Literal.

“Es algo que no acaba, una historia me lleva a diez, a veinte, siempre tengo motivos para poder levantarme y seguir aspirando a seguir narrando”, finalizó el periodista.