¿Pueden dos personas comunes y corrientes ser claves para resolver un crimen? Sí y en esta historia todo lo que necesitaron fue tener acceso a internet y enfocar su tiempo libre en seguir las pistas que dejaba el asesino en línea.

 

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Deanna Thompson y John Green son dos ciudadanos estadounidenses de más de cuarenta años. Deanna trabaja en un casino en Las Vegas y de John no se dan mayores detalles, solo que al igual que Deanna disfruta utilizar las redes sociales bajo anonimato (de hecho John Green es su seudónimo).

 Un día después de regresar del trabajo, Deanna ve en Facebook un video perturbador en el que un joven tortura y mata a unos gatitos. Esta grabación casera se viraliza, genera indignación entre los usuarios y nuestra protagonista se une a un grupo de Facebook que pretende dar con la identidad del sujeto. Es ahí donde se encuentra con John Green.

 De esta manera y durante casi dos años, Baudi Moovan (seudónimo de  Deanna) y John Green trabajarán a distancia analizando con lupa videos, sonidos, ubicaciones, perfiles de Facebook y elementos aparentemente insignificantes como una aspiradora y un tomacorrientes para encontrar al asesino de gatos. Todo esto mientras tratan de avisar a la policía del peligro que representa este individuo.

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Sin embargo, las verdaderas complicaciones aparecen cuando, en un giro no tan inesperado de los acontecimientos, el criminal misterioso pasa de matar gatos a matar personas y a moverse por diferentes países. Es aquí donde la burbuja se rompe para Deanna y John pues, al no ser periodistas profesionales, no tienen el soporte de un medio de comunicación y la credibilidad necesaria para que las autoridades los tomen en serio, a pesar de que su investigación es muy completa, detallada y precisa.

Cuando el caso explota y son los periódicos, radios y canales de televisión quienes lo muestran al mundo, nuestros investigadores amateurs lo siguen a través de sus pantallas con muchos más conocimientos, referencias y contexto de los que los periodistas reales podrían tener y ahora, gracias a esta serie documental de Netflix de tres capítulos de una hora cada uno podemos ir al fondo de la vorágine desatada cuando un muchacho anónimo rompe “la primera regla de internet”: No te metas con los gatos.