El Periodismo, al ser "el mejor oficio del mundo” según Gabriel García Márquez, ha servido de inspiración para innumerables películas, documentales y libros en donde siempre podemos encontrar nuevos detalles, características y anécdotas, sin embargo no hay nada como un libro escrito por un periodista para conocer sobre esta profesión.

Alberto Fuguet es un periodista, escritor y cineasta chileno nacido en 1964. En 1996 publicó la novela Tinta roja. En esta obra, Alfonso Fernández, un estudiante de 23 años, llega a hacer prácticas durante cuatro meses al periódico “El Clamor”, un tabloide cuyo eslogan proclama que es “para el hombre común, que no tiene nada de corriente”, pero que para efectos prácticos, es un digno ejemplar de la crónica roja y del periodismo amarillista.

Ahí Alfonso conoce a Saúl Faúndez, un viejo zorro del Periodismo que es editor de “El Clamor”, al chofer Emiliano Sanhueza Godoy alias “El Camión”, al fotógrafo Escalona, al editor nocturno Celso Cabrera y a otros colegas del mundillo periodístico y social con quienes convivirá y aprenderá mientras se desempeña como reportero de sucesos.

 

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El libro, escrito en lenguaje coloquial y en algunas ocasiones vulgar, es un repaso bastante preciso de las situaciones que se viven en un periódico, con los imprevistos, los dramas, las bromas, la bohemia, las prisas, los dilemas éticos y también las satisfacciones, el compañerismo y las grandes lecciones de vida y de Periodismo aprendidas más en la calle que en la redacción.

Dos datos interesantes del libro son sus capítulos cortos y la manera en que se diseccionan las notas en algunos de ellos como en uno llamado “Dedo en la boca”, de manera que una persona no relacionada con el Periodismo podría comprender cómo se escriben, arman y editan los textos que luego lee en el periódico. 

Del texto al cine

En el año 2000 como parte de una coproducción peruana-española grabada en Perú, Tinta roja fue llevada al cine bajo la dirección de Francisco Lombardi. La película fue un paso hasta cierto punto esperable, pues según cuenta Fuguet en las páginas finales de la obra, esta es su “novela de cine negro sin detectives” que surgió de su propia experiencia como reportero de notas policiales en un tabloide, cargo que ejerció durante un verano en su Chile natal.

No obstante, en el filme hay algunas diferencias, como el hecho de que Alfonso Fernández se llama Alfonso Vargas o “Varguitas”, en un guiño de la guionista Giovanna Pollarolo al autor peruano Mario Vargas Llosa, autor de tres libros que fueron clave para Fuguet en la inspiración de Tinta Roja: “El pez en el agua”, “Conversación en la catedral” y, principalmente “La tía Julia y el escribidor”.

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La película Tinta roja fue premiada en el Festival de Cine de La Habana (Cuba) por mejor dirección y mejor actor para Gianfranco Brero que personifica a Saúl Faúndez, en el de San Sebastián (España) por mejor actor para Gianfranco Brero, el de Cartagena (Colombia) para el director Francisco Lombardi y el intérprete Gianfranco Brero. Además es considerada por la crítica como una de las mejores películas peruanas de la historia.

Tanto el libro como la película Tinta roja son, como dice Fuguet para concluir su obra, una representación del periodista como “héroe y antihéroe al mismo tiempo, dos por uno, sí y no”. Él define al reportero como un intelectual que escribía, pensaba, vivía para contar, pero también como un hombre de acción.

“Era un sabio y una rata. Decía la verdad y contaba mentiras. Era libre y, a la vez, un pobre empleado” y eso queda manifestado tanto en las páginas como en la pantalla donde se logra notar, a través de experiencias periodísticas, pero principalmente humanas por qué para el autor chileno el Periodismo es “la profesión más exótica y envidiable del mundo”.