El momento en el que queda manifestado el intenso amor por la música de Rafael Villavicencio (Masaya, 1995) es cuando, luego de conversar ampliamente acerca de su arte, inspiraciones, procesos e influencias, al preguntarle por algún pasatiempo que no tenga que ver con guitarras, ni canciones, lo piensa mucho durante largos segundos en silencio para a continuación responder entre suspiros: “No sé… Ver películas y series en Netflix”.

Y es que el interés de este joven por las melodías viene en su sangre: Su papá tocaba la guitarra cuando él era niño y fue él quien le regaló su primer disco a los “tres, cuatro años”, recuerda.

Además, su hermano menor también es músico y han logrado tener un pequeño estudio de grabación en su casa. Es ahí, rodeado de guitarras y paneles de espuma para aislar el ruido donde se desarrolla la entrevista.

Formado en diversas escuelas

En octubre de 2007 Rafael tomó la guitarra de manera formal por primera vez. Vio a su padre tocando “La Mora Limpia” y le dijo que quería aprender. Su papá lo mandó por papel y lápiz y le enseñó los primeros acordes y la primera frase de la pieza. La siguiente fue Hotel California de The Eagles.

De esa manera, su casa fue su primera escuela y no sería la última.

Aún estando en secundaria, Rafael tomó un curso de guitarra clásica en la Escuela de Formación Artística Baluarte de Masaya durante dos años y, ya cursando Marketing y Publicidad en la Universidad Centroamericana (UCA) se especializó en guitarra eléctrica en la Academia de Música Bansbach de Managua y aprendió Armonía y canto en el Centro de Estudios de Musicales (CEM), también en Managua.

El himno nacional en guitarra eléctrica

En tercer año de la carrera ingresó al grupo musical de la UCA, donde su profesor fue el músico y cantautor Juan Solórzano.

“También he sido un poco autodidacta porque he leído muchos libros, he visto muchos videos en YouTube, en internet hay bastante material, realmente con internet podrías aprender solo. Ya cuando sabés leer, sabés de escalas, de teoría musical, te sale mucho más fácil aprender cosas más avanzadas. Si yo hoy quiero aprenderme una canción la saco de oído o busco algún tutorial o las partituras”, explica el músico.

De esa manera, buscando en internet, pudo encontrar la partitura del Himno Nacional, aprendérselo y grabar un video tocándolo en la guitarra eléctrica, dicho video lo subió a sus redes sociales en septiembre, durante los días patrios.

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El artista cuando empezó a tocar la guitarra en el año 2007. Literal/Cortesía

Primero de enero, primera canción

Rafael dice que este 2020 había pensado unir sus conocimientos de Marketing a sus aspiraciones artísticas para dedicarse por completo a la música, pero que, por la pandemia, al no haber conciertos, fue un mal para tomar esa decisión, pero para cuando el coronavirus doblegó al mundo, él ya había dado un importante paso: Publicar de manera digital su primer tema musical llamado Primero de enero.

“Este estudio lo creamos a finales de 2018 y para en los últimos meses de 2019 yo ya tenía rato de estar aprendiendo a grabar, creando cosas, sobre todo instrumentales, pero me dije que podía grabar una canción como si fuera con una banda, pero siendo solista y lo hice. En diciembre compuse una canción, la grabé, la mezclé y salió el primero de enero, yo me dije que ese día empezaba mi carrera musical de manera profesional, fue algo simbólico”, narra.

Libertad, amanecer e infinito

Además, esa fue su primera experiencia con las distribuidoras musicales digitales, de las que había aprendido navegando en internet. A través de este sistema pagado, su música está disponible en Spotify, Apple Music, YouTube Music, Deezer, Instagram y TikTok. Así, cada mes, de enero hasta abril, publicó un nuevo sencillo.

A Primero de enero le siguieron Libertad, Amanecer e Infinito.

“Mi plan era empezar a hacer conciertos para mayo, junio, pero empezó el tema de la pandemia y ese plan se pospuso, sin embargo, he podido centrarme en aumentar mis reproducciones en la plataforma y ahorita acabo de terminar mi primer álbum que va a tener siete canciones y creo que se va a llamar Tras el tiempo y estaría saliendo tal vez a inicios del próximo año”, cuenta sonriente.

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Rafael Villavicencio tiene cerca de 360 oyentes mensuales e Infinito ha sido su sencillo más éxitoso en esa plataforma. Literal/Cortesía

Así se produce un disco en casa


Para Villavicencio, algo que da puntos extras en el mundo de la música es cantar, por eso, a pesar de que él se ha concentrado más en la guitarra, también interpreta sus canciones. “Abrir la boca abre muchas puertas, así le pasó a Jimmy Hendrix, que es considerado el mejor guitarrista de la historia. Él cantaba y gracias a eso pudo entrar a escenarios grandes como Woodstock. Aparte de eso a mí también me gusta y la gente escucha más canciones que tengan letra que piezas meramente instrumentales”, explica.

Rafael es delgado y tiene el cabello rizado y largo. Estando en la universidad fue parte de la banda Ciudad Sepia creada con sus amigos y en 2019 perteneció al grupo Soufflé originario de Masaya, además ha tocado con su hermano menor en algunos conciertos.

Como compositor empezó a escribir a los quince años y actualmente, a pesar de no haber lanzado su primer disco, ya está creando los temas del segundo. Él manifiesta que “la composición es un tema de practicar bastante porque, así como uno practica la técnica en la guitarra, la composición también se practica y espero que con el tiempo se vaya viendo la evolución”.

Un nicho en las redes

Respecto a lo musical, aparte de la voz y la guitarra, él mismo toca el bajo en cinco de las siete canciones del primer disco, también se hizo cargo de los sintetizadores y la batería la grabó con un programa de Apple, acerca del que comenta que “son baterías reales que ellos graban en su estudio y vos las modificás y le das el tiempo porque la batería es el instrumento que tiene que estar mejor grabado a la hora de grabar y esto si no lo digo, nadie lo notaría”.

El artista cree que ahora existen muchas más herramientas que hace treinta años para grabar un disco, “un estudio de casa como el mío, puede sacar un sonido muy profesional, como el que se escuchaba en los ochenta, noventa, inicios del 2000. La tecnología ha avanzado muchísimo, por ejemplo, Billie Eilish que ganó varios Grammy ahorita, graba en su casa, literalmente en su cuarto. La industria ha cambiado, ya no necesitás una disquera, tenés las redes sociales y más como en mi caso si sabés un poco de Marketing, podés unir los conocimientos”.

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Rafel es muy activo en redes sociales y de vez en cuando publica videos tocando canciones populares con la guitarra o dándoles mantenimiento. Literal/Cortesía

"Estuve en una playlist de Spotify con J Balvin"

Este cantautor, que además ejerce por cuenta propia como mercadólogo, asegura que en todo este año ha crecido orgánicamente, pero está claro de que debe adaptar la música a un modelo de negocios rentable para que genere ingresos.

Actualmente ya ha recibido sus primeros pagos provenientes de Spotify por el streaming de sus canciones.

“Tengo un presupuesto para el lanzamiento del disco, hay que verlo como un negocio, pensar cuánto vas a invertir y cuánto vas a recuperar e ir probando, pero si no supiera de Marketing, no sé cómo me iría. Me da confianza entender cómo funcionan los negocios, cómo funciona la música, cómo funcionan los softwares de grabación, soy dueño de una gran parte del proceso y con lo que sé, con eso me voy, no voy a esperar a que salga alguien a orientarme porque puede ser que eso no pase”, puntualiza.

Influencia rockera

Los ojos pequeños de Rafael brillan al hablar de las temáticas de sus sencillos: esperanza, vida, muerte, protestas sociales en Nicaragua. Luego sonríe al mencionar que su tema Infinito tiene más de cinco mil reproducciones en Spotify y, a continuación, enumera una larga lista de influencias encabezada por The Beatles, Led Zeppelin, Nirvana, Gustavo Cerati y Luis Alberto Spinetta.

Entre sus anécdotas, recuerda cuando Spotify incluyó una de sus canciones en una lista de reproducción oficial de “estrenos viernes Centroamérica y estaba en esa playlist con J Balvin y bueno, duré una semana, pero fue bonito”, comenta entre risas.

Finalmente, hace un recuento de sus recuerdos musicales, se ve a los cinco años cantando “lo que sonaba en la radio, pop de finales de los noventa e inicios del 2000”. ¿Y en cinco años más cómo te ves?, le pregunto. “Con el tercer o cuarto álbum, ojalá”.