A la periodista Tania Gabriela Narváez Flores, como a decenas de periodistas en Nicaragua, el mes de abril de 2018 le cambió la vida, le quitó la relativa seguridad que tenía para ejercer su profesión y allanó el camino que la llevó a perder su empleo formal en 2019.

Sin embargo, a esta profesional de 32 años, madre de dos niños, las dificultades la han llevado a reinventarse, capacitarse y emprender sin dejar de trasmitir positivismo y amor por su carrera.

Narváez estudio Periodismo en la Universidad del Valle, y recuerda que desde el tercer año de secundaria sintió el deseo de estudiar esa carrera.

 “Yo quería y servir a la sociedad, me moría por ser periodista, entonces estudié esa carrera, me especialicé en prensa escrita porque era la especialidad que tenía la universidad y la verdad de las cosas que no elegí mal porque es lo que a mí me apasiona, lo que más me encanta es escribir”, aseguraTania Narváez.

Agrega que recién egresada de la universidad le dieron la oportunidad por medio de una amiga colega de trabajar en el periódico El Nuevo Diario. “Esa fue mi escuela en el periodismo. Sin embargo he hecho radio, televisión no mucho, más que todo en las redes sociales, también he trabajado en plataformas digitales”.

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Tania Narváez se declara en todo momento defensora de derechos humanos. Literal/Cortesía

 La vida cambió totalmente

Hasta dos semanas antes del cierre oficial de El Nuevo Diario en septiembre 2019, yo me desempeñaba como como periodista corresponsal del departamento de Carazo, cuenta Tania. Agrega que tenía a cargo cubrir ocho municipios con diversos temas como mercados, judiciales, perfiles de personajes importantes de las ciudades y sucesos.

“Nací en la cuna del Güegüense, Diriamba, y la verdad es la cosa es que desde abril de 2018 fue prácticamente donde mi vida cambia. Me imagino que igual que la de muchos otros periodistas, la vida nos cambió totalmente”, señala con nostalgia.

Tania recuerda que durante 2018 cubrió marchas tanto del Frente Sandinista, como las Azul y Blanco.

“Me mantuve sin olvidar mis principios éticos y morales. Pienso que como periodista tengo que estar a la par de la verdad, de la justicia y del pueblo. Lo que más me mueve  es que como periodista soy defensora del derechos humanos”, destaca con aplomo.

Narváez insiste que no se cobijó bajo ninguna bandera partidaria para ejercer su oficio, pero de todos modos, los fanáticos sandinistas la clasificaron como "golpista".

"Soy nicaragüense y lo único que he hecho es hacer mi trabajo como periodista y trato de no mezclar mis opiniones personales con mi trabajo", advierte.

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Asedio y amenazas

La periodista narra que cuando las protestas arreciaron, sufrió asedio de parte de fanáticos orteguistas por dar cobertura a marchas Azul y Blanco.

“Y si, estuve fuera de mi casa, me asediaron mucho, me amenazaron con meterme presa por supuestamente decir y publicar noticias falsas. Todas mis notas fueron corroboradas con fuentes fidedignas con nombres y apellidos, que es lo que a mí siempre me ha caracterizado, porque si yo no tengo una fuente mejor no publico nada”, asegura Tania.

Narváez relata que cuando El Nuevo Diario cerró, se llenó de tristeza e impotencia porque miraba que las puertas se comenzaban a cerrar por todo lo que estaba pasando en el país.

Asegura que lo tomó con calma, siguió trabajando de forma independiente y colaboró con medios emergentes muchas veces de manera gratuita, con el único objetivo de mantener informada a la población.

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Narváez asegura que lo que más le apasiona es la prensa escrita, aunque asegura también se ha desempeñado en radio y medios digitales. Literal/Cortesía

De reportear a cocinar

Con el paso del tiempo, Narváez junto a su familia decidió emprender “la especialidad de mi mamá por siempre ha sido la cocina y a mí también me gusta la cocina. Entonces empezamos a ver que qué era lo que nosotros podíamos hacer para trabajar como familia y que el dinero no saliera de nuestras manos”.

La periodista comparte que iniciaron con desayunos tradicionales como gallo pinto,  queso, salchichón maduro, frito, tortilla, todo, toda la gastronomía nicaragüense, y vimos la aceptación de la población.

Según Tania, sus mayores clientes están en el mercado de la localidad. “Todos los comerciantes nos conocen y la mayoría son clientes. Empezamos el negocio para llevar porque no teníamos espacio en la casa y conforme fuimos creciendo pues mi mamá con la ayuda de mi hermana y yo comenzamos a dar ideas y entonces pues comenzó mi mamá con el negocio en un local”.

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Resurgir en medio de coronavirus

Tania recuerda que con la llegada de la pandemia el negocio de su familia bajó considerablemente y las ganancias eran relativamente pocas, por tal razón decidió adaptarse dentro del mismo negocio y vender nacatamales.

“Empecé con mi negocio dentro del negocio de mi mamá, le pusimos Nacatamales la Masayita. Ese es mi rubro, la entrada que yo tengo semanal”, cuenta feliz Narváez.

Asegura que antes de preparlos pensó que en Nicaragua lo tradicional es comprar nacatamales viernes, sábado y domingo. “Yo los voy a hacer entre semana, los miércoles, porque hay personas que no lo comen al fin de semana, pero, lo pueden buscar entre semana (…) obtuve buenos resultados”, refiere agradecida.

Tania destaca que para fin de semana ya prácticamente no hay nacatamales y aprovecha para atender a su familia.

“Me funcionó la idea y hasta la fecha ya llevo un año y medio. Empecé sola, pero luego, como yo crecí, pues le pedí a mi hermana que me ayudara y ahora tenemos las dos, el negocio y nos dividimos el trabajo y las ganacias”, expresa agradecida.

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La venta de nacatamales le ha permitido a la periodista salir adelante junto a su familia. Literal/Cortesía

El método Narváez

Al preguntarle sobre cuales son los “secretos” que ha podido aplicar durante estos momentos difíciles y que puedan ser de utilidad para colegas que viven momentos críticos, la periodista comparte:

  1. Si al igual que yo están atravesando situaciones difíciles les animo a seguir adelante, firmes y sin doblegarse.
  2. Recuerden que la dignidad no se vende. Nosotros tenemos que ser firmes y sobre todo, confiar en Dios y tener fe.
  3. Tienen que buscar la manera de emprender, está duro, está difícil, el dinero no está fácil, va a costarles, no les digo que fácil, pero sí siempre con esfuerzo y con dedicación si se puede.
  4. Sigan adelante, que yo tengo la convicción y tengo la confianza, que muy pronto en este país vamos a seguir haciendo lo que nos gusta.
  5. Sigan ejerciendo desde su trinchera, desde sus teléfonos, desde su computadora, con lo que tengan, pero, sigan adelante que nosotros somos como periodista independiente.
  6. Nosotros somos la voz de aquellos que no tienen voz, somos los ojos de lo que no ven, tenemos una obligación, nosotros somos defensores de derechos humanos.
  7. Y para los que creen en Dios que no se olviden de él. 

Los abusos policiales que le marcaron la vida

Aunque el desempleo y la inseguridad para ejercer la profesión han marcado su vida, Tania recuerda con inmenso dolor que el 8 de julio de 2018 durante la recordada “Operación limpieza” ejecutada en Diriamba, misma que fue ordenada por el régimen de Daniel Ortega en contra de disidentes, miró caer en su barrio a un bebedor consuetudinario que dormía en las calles y que fue sorprendido por los agentes policiales y civiles armados que disparaban armas sin piedad contra cualquier ciudadano.

La periodista asegura que nunca conocieron el nombre del ciudadano, pero, en su mente está presente el momento en el que este, en medio de insana violencia se levantó de donde descansaba y los paramilitares comenzaron a tirar balas.

Mataron al picadito

Narváez recuerda que la gente le decía a él, que se quitara de ahí y que buscara como refugiarse porque lo iban a matar.

“Cuando él se levantó, un tiro pegó en un poste de luz que había, rebotó y le entró por la espalda. Ese día nosotros como familia lo vimos caer”, lamenta.

“Eso me marcó porque él era un tomador consuetudinario, pero, era muy respetuoso. No lo conocíamos en el barrio, nunca le conocimos el nombre, pero pasaba a saludar a mis hijos y eso me conmovió mucho”.

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Imagen de referencia sobre las agresiones de fanáticos del Frente Sandinista a las instalaciones de medios de comunicación luego del estallido social de abril 2018. Literal/Cortesía

 Años marcados por violencia

Tania recuerda además que durante sus primeros años como periodista hubo una ola de migrantes que estaban entrando al país. “En una oportunidad a mí me avisan que en la comunidad del Tamarindo de la Trinidad habían unos migrantes”.

Narváez recuerda que la población del sector estaba acuerpando a los migrantes que habían sido engañados por los llamados “coyotes”, que los habían dejado abandonados asegurándoles que estaban en tierras hondureñas.

Los lugareños “les hicieron comida, les dieron agua y lo que querían era que no los golpearan, que no los apresaran, que no les hicieran nada, porque los coyotes los habían engañado, les habían robado y los habían dejado tirados”.

Tania recuerda con enojo que luego de algunas horas la policía llegó y les mintió.

La periodista relata que en ese tiempo estaba el comisionado Claudio Salas y les dijo que iba a llegar a una clínica móvil para atenderlos.

“Y en esa clínica móvil lo que iban eran un montón de antimotines. Entonces ese día quitaron las luces y quedé entre en fuego cruzado junto con mis compañeros periodistas, gateando para protegerme porque las balas era como si tal y habían delincuentes”.


Imagen de referencia sobre el acoso y hostigamiento de agentes policiales a periodistas en Nicaragua.Literal/Cortesía

“Aquí ya me mató”

La periodista recuerda que ese día la gente del sector se armó de piedras, palos y de todo.

“Hubo mucha violencia porque ellos arremetieron en contra de la población y en contra de sus migrantes. Eso me marcó porque vi como como la policía agarró a una mujer embarazada que era una haitiana y la tiró a la tina de la camioneta y la golpearon”.

Rememora que durante todo el tiempo que duró la agresión policial ella se protegió detrás de un árbol y en determinado momento vio al comisionado Salas sacar un arma y tirar balas al aire: “Yo dije yo, aquí ya me mato”.

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En fuego cruzado

Agrega que lo único que el comisionado le dijo a gritos fue: "quítate de ahí".

“Yo le dije soy periodista, soy periodista y levanté las manos. Una policía que estaba en el grupo me conoció, pues vivía en mi barrio. Ella me llevó a la fila de ellos y me resguardó en una iglesia evangélica que había ahí”.

"De lo contrario no se qué me hubiera pasado, terminé con moretones en la piernas, anduve gateando, yo estaba súper nerviosa. En mi vida había quedado en un fuego cruzado. Tenía ya dos años de estar en El Nuevo Diario como corresponsal y eso marcó mi vida”, confió Tania Narváez.

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A pesar de la inseguridad, negativas de acceso a la información que existe en el país, Narváez anhela volver a ejercer su profesión muy pronto en un ambiente de libertad. Literal/Cortesía

Fueron inhumanos

Según Tania “fue la vez que dejé de creer en la Policía Nacional”, porque fueron inhumanos. No, había por qué hacer eso.

“Yo pienso que en un país, cuando hay migrantes lo que tienen que hacer es acogerlos, protegerlos, no tratarlos como delincuentes”, enfatizó.

La periodista añade que ese día marcó su carrera como periodista. “Y yo dije que dejaba de creer en la policía. Y ahí fue donde se rompieron los lazos con la Policía Nacional, porque desde ahí nos cerraron la puerta, porque nosotros sacamos eso en las noticias”.

"Pero, es que no puedes callarte, cuando estás viendo algo que no está bien. Y eso no les ha gustado”, lamenta la periodista.

De periodista a periodistas

Con tristeza por la situación que vive la prensa independiente, pero con una eterna convicción de que todo cambiará, Narváez refiere tres aspectos que un periodista debe tener presente:

  • No podés callarte, ante las injusticias que tus ojos vean, independientemente del partido político, de la religión, poder económico o de donde venga la injusticia. Nosotros no podemos enmudecer.
  • No rendirse y siempre trabajar con dignidad.
  • Siempre decir la verdad. Es algo que nos va a mantener con la cabeza en alto, vengan los partidos políticos que vengan.