Con la reciente ola de usuarios que en redes sociales han pedido la cancelación de los viejos programas animados de los personajes infantiles Pepe Le Pew, Speedy González y hasta de la película Vaselina, argumentando que estos muestran abusos, estereotipos y hasta discriminación, han saltado al debate los términos “generación de cristal”, lo que a su vez a puesto en debate la llamada "cultura de cancelación".

Por lo anterior, en Literal Periodismo Ciudadano te contamos de qué van estos términos y cómo es el comportamiento de esta generación, criticada en muchos momentos por el poder que ejercen en redes sociales.

Para la socióloga Tatiana Ibarra, “generación de cristal” es un término peyorativo que se usa para identificar a un grupo de jóvenes nacidos entre 1995 y el 2000. “Son jóvenes que tienen una vida económica estable, acceso a educación, tienen seguridad (…), pero emocionalmente son frágiles, se rompen ante las adversidades y no aceptan el rechazo, no aceptan las realidades negativas que existen”.

A criterio de Ibarra, lo anterior tiene que ver con la cantidad de información que reciben a tan corta edad y los enfrenta a temas que no enfrentarían rápidamente, si no estuvieran con acceso absoluto de información. “Entonces cuanta más información reciban, más frágiles se vuelven porque conocen una realidad sin tener una base, sin haber madurado totalmente”.

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Ibarra considera que el exceso de información al que tiene acceso la llamada generación de cristal influye en la intolerancia que tienen a la realidad de sus entornos. Literal/Pixabay

Los parámetros de la generación

La experta plantea que esta generación debe cumplir tres parámetros: ser nativos digitales, personas o grupos con acceso a los círculos de poder del consumo y la capacidad de incidir en las redes.

Ibarra refiere que esta generación “constantemente se queja, tiende a la ira y en algunos casos extremos tienen tendencias suicidas, porque la realidad como la tienen, como la están conociendo, no la aceptan”.

Por otro lado, respecto a la cultura de cancelación, Ibarra describe que está referido a quitar el apoyo moral, económico y social a ciertos grupos y personas que pueden ser o no famosas, pero que para otros grupos estas personas han realizado o tienen comportamientos inaceptables.

Castigo social

“Esto nace con la intención de señalar malos comportamientos respecto a ciertos temas como racismo, machismo, transfobia, pero con el tiempo se ha podido observar que en lugar de tener aspectos positivos, la cultura de la cancelación se está desarrollando de manera negativa y violenta”, lamenta Tatiana Ibarra.

La socióloga señala también que cada vez hay más intolerancia y se está negando a las personas el derecho a equivocarse y corregir, el derecho a la libertad de expresión, a la diversidad de ideas y también fomenta la intolerancia.

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La experta refiere que con la cultura de cancelación se le resta apoyo a personas o grupos que a criterio de otros infringen alguna regla. Literal/Pixabay

Restringe ideas

Ibarra señala que la gente que promueve la cancelación o este bullying colectivo se considera moralmente más aptos o con mejores condiciones que las otras personas para decidir lo que es políticamente correcto, lo cual tiene otros alcances pues se trata de un grupo que está juzgando a otro grupo de la sociedad sobre ciertos términos.

La experta destaca que “en lugar de convertirse en algo colectivo que ayude, se ha vuelto una limitante, una cuestión más bien peligrosa ya que restringe ideas en nombre de ciertos derechos que al final están limitando”.

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Ibarra explicó finalmente que la cultura de la cancelación quiere deshumanizar a las personas, pues como humanos cometemos errores y también necesitamos enmendar esos errores pero con esto lo que se está haciendo es retirar apoyo.